La meditación no consiste en controlar tus pensamientos, sino en no dejar que tus pensamientos te controlen. Es entrenamiento para la mente, al igual que ir al gimnasio es entrenamiento para el cuerpo. La divagación mental es un hecho de la condición humana. Cuando intentamos lograr algo y nuestra mente está en otra parte, desperdiciamos mucha energía en lugar de concentrarnos en la tarea que tenemos entre manos.

La meditación es para tu cerebro lo que el ejercicio es para tu cuerpo. Si entrenas tus músculos para aumentar la fuerza y ​​la flexibilidad, mejorará tu rendimiento físico. Serás más fuerte y podrás responder más rápidamente. Tus músculos fortalecen y ayudan a tu cuerpo físico a lograr lo que necesitas hacer. Si el cuerpo físico es fuerte, te ayudará, te servirá. Si tu cuerpo físico es débil y lo necesitas para hacer algo, es posible que no pueda ayudarte; puede ser un obstáculo para lograr lo que quieres hacer.

El mismo principio se aplica a la mente. La meditación fortalece la mente y la ayuda a ganar foco. Si tu mente está enfocada, funcionará de manera más eficiente, será más eficaz. Si no está enfocada, se distraerá fácilmente. Por ejemplo, si tenemos estrés, una mente enfocada nos ayudará a resolver los problemas que lo están generando. Si nuestra mente no está enfocada, el estrés puede simplemente acumularse o podemos elegir comportamientos para lidiar con él que sean autodestructivos. Si la mente está divagando y no está enfocada, no logramos hacer lo que queremos, porque estamos constantemente distraídos. La mente desenfocada es como el cuerpo sin tono muscular.

¿Cómo funciona esto? ¿Cómo logra la meditación fortalecer y enfocar nuestras mentes? Prueba este ejercicio:

Siéntate en una posición cómoda. Cierra tus ojos. Imagina que estás en un hermoso lugar. Usar tu imaginación te ayuda a aquietar la mente. Deja que brote una leve sonrisa; cuando sonríes, es más fácil calmar tus emociones. Respira con naturalidad y con la mayor lentitud posible. Ahora estás listo para comenzar tu entrenamiento de meditación. Dirige tu atención a un punto: la imagen de una flor, la llama de una vela, una puesta de sol, una luna llena…, una imagen que capture tu mente. Después de elegir la imagen, no la cambies. Permanece enfocado en ella. Mientras te concentras en esta imagen, tu mente comenzará a dar vueltas por todo tipo de pensamientos. Entonces te darás cuenta de que estás tratando de meditar y tu mente se ha desviado hacia al menos diez pensamientos diferentes. Luego vuelve a la imagen.

Esto sucederá una y otra vez. Podrías pensar que no eres capaz de meditar. En realidad, ese divagar de la mente, que luego vuelve al objeto de meditación, es el proceso de meditación. Si continúas entrenando, una y otra vez, es posible que te des cuenta de que tu mente está divagando después de nueve pensamientos, luego solo después de ocho o siete. Con el tiempo, advertirás rápidamente cuándo tu mente está divagando. Y tu mente se concentrará en un punto en lugar de divagar. Será más fuerte y estará más enfocada.

¿Qué pasa con los pensamientos que surgen durante la meditación? ¿Y si parecen ser importantes? Podemos dejar que nuestra mente recuerde algunos pensamientos mientras meditamos, pero solo necesitamos reconocer ese pensamiento y volver a la técnica de meditación. Pueden surgir pensamientos aparentemente importantes, pero puede ser que parezcan importantes porque la mente quiere controlar tu proceso de pensamiento. En cualquier caso, ten en cuenta que puedes optar por continuar con la meditación. Los pensamientos profundos e importantes volverán a ti cuando completes tu ejercicio de meditación. Este proceso de dejar ir los pensamientos espontáneos que surgen y regresar al objeto de meditación es la forma en que aprendemos en la práctica de la meditación.

La meditación reduce el estrés porque entrenamos la mente para que se enfoque en el momento presente. Ahorramos energía valiosa que podemos utilizar para lograr nuestros objetivos. Pasamos menos tiempo preocupándonos por las incertidumbres del futuro o lamentando los acontecimientos del pasado. Estar concentrado y estar más presente son ingredientes vitales para la felicidad. La mente que divaga es una fuente de estrés e infelicidad. Uno podría pensar que la distracción mental sería el resultado de la infelicidad pero, en realidad, probablemente sea lo contrario.

El video en el enlace dura aproximadamente diez minutos y es una explicación fascinante de la conexión entre la mente que divaga y la infelicidad.